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“Hay incendios que, si están en máxima propagación, lo arrasan todo”
Teodoro Pradas es agente de Protección de la Naturaleza del Gobierno de Aragón desde el año 1988. Lleva casi 40 años apagando incendios forestales y es un gran conocedor de los comportamientos del fuego , por eso asegura que si las condiciones son extremas, resultan incontrolables.
-Dicen que los incendios se apagan en invierno. ¿Qué hay de verdad en esa afirmación?
-Es una verdad a medias. Ayuda mucho a que los incendios se apaguen en verano si se ha trabajado durante el invierno, si se ha eliminado o quitado combustible, por supuesto. Pero al final los incendios de verdad se apagan cuando se encienden, trabajando y sudando; si no se encienden no hay nada que apagar. Es un dicho que viene muy bien a nivel de hacer entender a la gente la importancia de la prevención.
–En Teruel hemos tenido grandes incendios, en el Maestrazgo en el 94 y luego en 2009 también hubo otro que afectó a varias comarcas, pero este año hemos visto cómo se quemaba gran parte de España. ¿Podría volver a pasar?
–Hay incendios a los que no se les puede poner nada delante cuando están en máxima propagación, lo arrasan todo.
-En Teruel hay carreteras que van por medio de pinares, muchos pueblos sin separación entre monte y casas. ¿Estamos en riesgo?
-No estamos preparados para afrontar eso, ni nunca lo podremos estar a ese nivel. Podemos prevenir los incendios normales que se producen cada año, y para eso sí que somos capaces de intervenir y dejarlos en conatos o en nada. Pero cuando las condiciones son extremas, como sucedió este año en León o como sucedió aquí en 1994, es una fuerza de la naturaleza y no hay nada que pueda hacer el ser humano que detenga ese incendio. Si hay combustible, es decir, vegetación en su camino, se va a quemar.
–¿Cuáles son esas condiciones extremas?
–Hay una regla, la regla del 30: condiciones de sequedad extrema del terreno; vegetación falta de humedad; muy poca humedad acumulada; viento seco; temperaturas por encima de 30 grados… Y una ignición que puede venir de un rayo, no hace falta que sea intencionada. Se inicia, prende, y tiene un perfil de consolidación que no es inmediato, pero hay incendios a los que no se haría frente ni aunque llegaras cinco minutos tras producirse la chispa.
–La clave también está en detectar enseguida un incendio a través de las torres.
–Exactamente. Tenemos una red muy buena que viene ya de los años 60, de torres que controlan las masas forestales. Además, ahora todo el mundo que va por el monte lleva móvil, y eso también es una fuente de primeros avisos. Eso nos permite actuar rápido. Tenemos un sistema de extinción potente, con medios aéreos: ocho helicópteros en Aragón, lo que permite que en menos de 20 minutos, en el lugar más apartado tengas un equipo desplazado.
–Habla de medios, pero la preparación del personal es clave. De hecho, los bomberos forestales de Aragón han sido fundamentales a la hora de apagar incendios fuera de la comunidad.
–Sí, este año se comprobó. Siempre sucede que entre comunidades se prestan ayudas. Yo el año pasado estuve en León y la verdad es que me llevé muy buena imagen de lo nuestro. Ya sabía que éramos buenos —y me incluyo sin ser protagonista—, pero vimos que estamos arriba, en el “top”. Estamos al nivel de otros operativos muchísimo más potentes.
–¿Cómo se consigue estar en ese top?
–Primero, con medios, que siempre son mejorables, pero sobre todo con el material humano, que es lo más delicado. Siempre haría falta más gente, por supuesto, pero en Aragón el sistema, para las necesidades que tenemos, está muy bien equilibrado. Aquí en Teruel tenemos 24 cuadrillas forestales.
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