Las Saladas de Chiprana son una laguna endorreica protegida
Los humedales no son solo importantes por su valor intrínseco como enclaves naturales, sino también por la fauna que les visita cada año: las aves. Sin ellos, habría afecciones en las migraciones de especies como la grulla, que cada año recala con un pequeño grupo en el Bajo Aragón Histórico, o el tarro blanco, una especie "rara" que llega a criar en las saladas de Chiprana y Alcañiz, explican Esther Ginés, bióloga del servicio provincial de Zaragoza encargada de la gestión del Espacio Natural Protegido de Las Saladas de Chiprana; y Javier Escorza, coordinador del Bajo Aragón y Matarraña de Agentes para la Protección de la Naturaleza.
La contaminación y la desecación de distintos humedales ha mermado su número en Aragón, y Ginés insiste en que son "los ecosistemas con más problemas y amenazas del mundo". "Todos están ligados a una vegetación y unas aves que hacen gran parte de su vida en estos humedales (...). La laguna de Chiprana tiene un ecosistema más diferente y peculiar a nivel mundial. Es una laguna salada y permanente durante todo el año, que tiene una cantidad de sal muy importante, casi el doble que el mar Mediterráneo", detalla.
La salinidad de las aguas chipranescas implica que ni peces ni anfibios pueden vivir en ellas, pero sí lo hacen otros microorganismos, que son objeto de investigación, ya que pueden aportar información sobre las condiciones de vida que había hace millones de años en la Tierra. "Son únicos y exclusivos de esta laguna endorreica", añade la bióloga.
Para acercar este enclave, por el Día Mundial de los Humedales, que se conmemora cada 2 de febrero, se organiza una jornada de puertas abiertas en el centro de interpretación y una visita a Las Saladas. El director general de Medio Natural, Caza y Pesca, Alfonso Calvo, ha acudido este lunes a la localidad para conocer más acerca del conjunto lagunar, acompañado por la corporación municipal.
Este día va acompañado también de reivindicaciones como la señalización de Las Saladas en la AP-2 y la atracción de más visitas escolares para mejorar su promoción, tal y como ha manifestado el Ayuntamiento en distintas ocasiones. Desde el centro de interpretación añaden la importancia de abrir este espacio regularmente, en lugar de solo en días puntuales.
651 hectáreas de lagunas en Alcañiz y 33 ha en Calanda
Chiprana no es la única que cuenta con saladas porque su vecina Alcañiz también ofrece su propio conjunto de una treintena de cubetas, que se distribuyen en una amplia superficie de 651 hectáreas, donde se alternan los cultivos de secano y cabezos con vegetación de matorral. Calanda, por su parte, cuenta con sus propias saladas que alcanzan las 33 hectáreas.
La laguna más diferencial en el Bajo Aragón es La Estanca de Alcañiz, que tiene un valor recreativo añadido. "Se trata de una laguna endorreica que fue represada para poder regar las zonas de nuevo regadío de Valmuel y Puigmoreno. Hoy tiene esa multifunción de almacenamiento de agua, en un lugar natural donde recalan las aves en sus migraciones y que es también una zona recreativa donde cada vez se ve más gente andando, yendo en bicicleta o corriendo por el entorno", destaca Escorza.
El aumento de visitantes también plantea un reto para su preservación. Para el APN si el turismo es "respetuoso, sabe estar y observar sin alterar con ruidos o gritos que afecten a los ecosistemas; es bastante compatible", apunta.